viernes, 23 de junio de 2017

Ganadores del IV Concurso Infantil Iberoamericano de Relato Breve, Otro Mundo Es Posible


Por cuarto año consecutivo Ong Otromundoesposible y Fundación Cultura de Paz, han organizado una nueva edición del Concurso Infantil Iberoamericano de Relato Breve, Otro Mundo es Posible. Nos complace informar de los ganadores de este año!


Esta nueva edición del Concurso Infantil Iberoamericano de Relatos Breves, Otro Mundo es Posible, la cuarta ya, ha tenido como objetivo poner de manifiesto lo impropio y rechazable que resulta el uso de la violencia en la vida diaria, bien sea a través del acoso escolar, de la violencia contra las mujeres o maltratando a los animales, consiguiendo mediante los colegios participantes, fomentar entre sus alumnos valores y conductas que aspiran a crear entre todos un mundo mejor.
En esta edición, colegios de 5 países han visto como uno de sus alumnos ha alcanzado un galardón ya que, además de los tres Primeros Premios, se ha decidido otorgar dos Menciones Especiales para los relatos de dos alumnos por su especial aportación.
En concreto han sido colegios de Argentina, Bolivia, Chile, España y Guatemala. Nos alegramos por todos ellos y les transmitimos nuestra enhorabuena a todos los premiados y sus colegios.

 

PRIMER PREMIO “NO A LA VIOLENCIA Y ACOSO ESCOLAR”

Zheng Hao Chen
12 Años
CEIP SAN MIGUEL
España 
Por ser su relato un ejemplo de valentía y coraje frente a las situaciones injustas.

PRIMER PREMIO “NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO CONTRA LAS MUJERES”

Marcela López León
12 Años
LICEO CHAPERO
Guatemala
Por la determinación que transmite su lectura, en favor del empoderamiento de la mujer y su igualdad ante el hombre.

PRIMER PREMIO “NO A LA VIOLENCIA CONTRA LOS ANIMALES”

Santino Tosoratti
13 Años
E.E.S.O.P.I Nº 8223 “FISHERTON DE EDUCACIÓN INTEGRAL”
Argentina
Por su especial sensibilidad a la hora de escribir sobre la actitud de maltrato animal.

MENCIONES ESPECIALES

Javiera Pontigo
10 Años
ESCUELA BÁSICA JOSÉ MARTÍ
Chile
Por su gran ternura y sus bonitos deseos con apenas 10 años.

María Fernanda Laurenti
12 Años
UNIDAD EDUCATIVA HOSPITAL DEL NIÑO
Bolivia
Por la experiencia tan dura que afronta en la vida y por su justa reivindicación para todos aquellos que sufren también una situación tan difícil y complicada a todos los niveles.

A los ganadores, enhorabuena, y a todos los participantes y a los colegios, gracias por participar y os esperamos para la próxima edición.

lunes, 22 de mayo de 2017

Ética y escuela

Presenciamos en torno a nosotros un inmenso naufragio de la ética política. Si Hércules, para limpiar los establos del rey Augias – que acumularon durante años los excrementos de quinientos doce toros- tuvo que desviar el curso de varios ríos, nosotros, para arrastrar la suciedad sin fondo que hoy nos rodea, tendremos que cambiar nuestros modos de país de pícaros.

Porque quien roba a los ciudadanos no es un pícaro sino un delincuente, y porque esos ríos desnaturalizados por culpa de la corrupción pueden ser- están siendo ya – las instituciones de nuestra democracia.
Creo que todos nos sentimos desorientados. Más que nunca necesitamos señales para distinguir, en todo este caos, a quienes muestren algo de seriedad y tengan palabra. Qué antigua se ha quedado esta expresión, por cierto. Qué insólito es que lo que se promete se cumpla. Y sin embargo no hay lugar para bromas: si la ética no rige el uso que los políticos hagan de nuestra confianza, depositada en ellos a través de los votos, no habrá futuro. Así de claro.
Todo este panorama desolador lo es mucho más cuando se contempla desde la escuela. Si estás en la urbe, porque la suciedad y el abandono te recuerdan constantemente que había que recortar en limpieza y asfalto para llevárselo más crudo; si estás en el pueblo, porque los campos se malvendieron y tal vez lo que divisas ahora desde el patio del cole es el inmenso fantasma de un aeropuerto.
Si te apartas de la ventana de clase y miras hacia adentro, notas la ausencia del profesor enfermo cuya baja no se ha cubierto; ves la puerta cerrada del aula de compensatoria; los carteles bilingües de lo que fue en tiempos el aula de enlace. Por supuesto, los alumnos a quienes estaban destinados esos apoyos, siguen ahí, más perdidos. Los políticos robaban, claro, por eso no hubo dinero para ampliar la red de banda ancha, para pagar el verano de los profesores interinos, para otorgar licencias por estudios, para extender las pizarras digitales, para renovar el mobiliario escolar…
Robaban como fieras, compulsivamente, mientras nosotros dábamos clase de ética y ciudadanía. Pero seguíamos allí, impertérritos, explicando a los alumnos qué son el honor y la justicia, porque la escuela es el lugar natural para aprender lo relacional y social, y por tanto la ética ciudadana y democrática. Los chicos entendían los conceptos y hasta se aventuraban a ponerlos en práctica, el truco era no buscar ningún modelo de conducta que pudiera salir en el telediario.
La corrupción duele más desde la escuela porque ella es el santuario de la ética. Y duele en los claustros, tan castigados por los recortes, porque los guardianes del santuario somos, qué cosas, los humildes profesores y maestros.
La dignidad de la docencia estriba sobre todo en su condición de profesión esencialmente ética. Hay facetas vitales en las que podemos dedicarnos a acompañar el verbo ser con sustantivos. En ellas, todo brota desde ese fundamento: soy madre, soy joven… Sin embargo, en el ámbito profesional es frecuente conjugar el verbo ser con adjetivos: soy puntual, soy competente… Pues bien, la docencia es sustantiva. Se es maestro. Ineludiblemente. Dentro y fuera del aula.
Siempre me ha gustado observar las particularidades de nuestra ética profesional. Por ejemplo, tengo la certeza de que un profesor que esté esperando a que el semáforo se ponga en verde y vea a un niño en la acera de enfrente esperando también, no cruzará la calzada en rojo aunque no vengan coches. ¿Es irrelevante? No; es la asunción completa de un requisito profesional y personal: la ejemplaridad.
Mientras dura su camino común, cada profesor es un referente ético para cada alumno; por su parte todos los alumnos son apelaciones a la excelencia moral para el maestro. La tarea docente transmite el mundo para que pueda ser mejorado por la generación siguiente, que a su vez habrá de transmitirlo. Y ese avance, durante el cual las generaciones se suman, es profundamente, dignamente humano. Quienes desempeñan la docencia deben conocer y aceptar su dimensión ética, una de las más exigentes de todas, en una profesión que, paradójicamente, carece de código deontológico.
Cuando todo naufraga, la escuela como paradigma de la personificación sigue a flote, por eso clamamos por la presencia política y social de la ética. O nos robarán el futuro.
Carmen Guaita

domingo, 14 de mayo de 2017

Desaprender



El perfil profesional de los docentes está cambiando vertiginosamente. Como hemos dicho otras veces, todo el mundo sabe para qué sirve la Wikipedia pero, ¿para qué sirve un profesor?


He recomendado muchas veces el libro “Momentos estelares de la humanidad”, del gran Stefan Zweig. Es un breve ensayo histórico en el que Zweig, con su maestría y sensibilidad, narra sucesos históricos pero fijándose únicamente en los pequeños detalles. De todos los “momentos” que contiene el libro, mi favorito es el que narra la historia de Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Pacífico. Cuenta Zweig que Balboa y sus compañeros, después de haber abandonado sus carabelas en el Atlántico y atravesar el istmo de Centroamérica entre enormes penalidades, se encontraron frente a un mar nuevo e incógnito. Y entonces se sumergieron en sus aguas y las bebieron, para averiguar si tenían el mismo sabor salado del océano que habían dejado atrás. He utilizado muchas veces esta historia porque me parece la metáfora ideal para definir el tiempo en el cual nos encontramos los profesores. Estamos situados ante un nuevo paradigma educativo, pero el espejo nos devuelve una imagen borrosa porque los cambios tecnológicos y sociales parecen diluir nuestra identidad. El perfil profesional de los docentes está cambiando vertiginosamente. Como hemos dicho otras veces, todo el mundo sabe para qué sirve la Wikipedia pero, ¿para qué sirve un profesor?

La revolución educativa en la que hemos entrado de pleno nos trae un nuevo perfil profesional, una nueva identidad. La dicotomía entre información y conocimiento; la tensión entre autonomía necesaria y burocratización obligatoria; la distancia entre los absolutos - conocimiento y valores- con los que trabajamos en la escuela, y los relativos en que se mueve la sociedad; en resumen, el nuevo paradigma educativo está modificando de manera imparable el “hacia afuera” de la profesión docente. Pero no debemos asustarnos por la importancia de estos cambios. Los profesores no somos  árboles. Podemos movernos.

Algunos gráficos nos muestran el panorama que encontramos al entrar en clase mejor que nuestra propia observación. Por ejemplo, se nos demuestra que, en el método tradicional de profesor que habla ante alumno que escucha, la mitad de la clase está desconectada, ya sea activamente- es decir, enredando- o pasivamente: poniendo cara de póker y mirando de reojo el reloj. En la otra mitad, hay un 10% que escucha y aprende, un 10% que ya se lo sabe y se está aburriendo soberanamente- los alumnos de alta capacidad que casi siempre abandonamos-, un 10% que empieza con ganas y luego se pierde, y un 20% que quiere pero no puede seguirnos el ritmo. Y si esto es verdad, ¿cuánto tiempo vamos a seguir trabajando así? ¿Cuándo vamos a darnos cuenta de que el mundo de nuestros alumnos ha cambiado completamente?

Es imprescindible comprender que innovar es cambiar algo, no todo.Innovar es recuperar la motivación; dividir el trabajo; poner metas al curso, no al día; ir de lo fácil a lo difícil; divertirse en clase; comprender que hoy la unidad mínima de acción educativa es el centro en su totalidad. Pero para innovar hay que desaprender.  Este “desaprendizaje” es, seguramente, el mayor reto de innovación al que nos enfrentamos los profesores, y no tiene nada que ver con reciclarse o manejar bien las herramientas tecnológicas.


Desaprender es: dar más importancia al proceso que al resultado; sentirse miembro integrado de un centro; abrir la puerta del aula al entorno social y, sobre todo, a los otros miembros del claustro; no enseñar aquello que el alumno puede aprender por sí sólo; asumir que el alumno puede aprender tanto fuera como dentro del aula, de sí mismos y de sus compañeros; asumir que el alumno también puede enseñarnos algo a nosotros, los ex de la tarima; comprender que lo que se aprende en la clase debe tener sentido fuera de la clase; cambiar el Yo hablo y tú callas por el diálogo; transmitir la idea de que el error es una oportunidad de aprendizaje; potenciar la reflexión y el espíritu crítico; hacer alguna “locura” en equipo: un taller de teatro, una orquesta, un taller de videojuegos, un programa de radio…; atreverse a ser un profesor genial; comprender que todos somos tutores, de los alumnos y de nuestros propios compañeros de claustro, porque tutor es la persona que tiene la responsabilidad de velar por otros.

Y en medio de este cambio, es importante también recordar nuestras certezas porque el nuevo paradigma educativo conserva intacto el “hacia adentro” de nuestra profesión: la comunicación interpersonal, la esencialidad que nos hace únicos; y la trascendencia, es decir, la influencia biográfica sobre otras personas. Y por supuesto se mantienen inamovibles, por mucho vendaval de cambio que sople, nuestros requisitos personales para ejercer la profesión docente: la vocación, la aptitud y la exigencia ética.

Es tranquilizador pensar que el mar que probaron Vasco Núñez de Balboa y sus compañeros era salado, evidentemente. Por eso me animo a recordar cada mañana, antes de abrir la puerta de una clase a primera hora, que la docencia- mi elección profesional- es y seguirá siendo una manera salada y profunda de vivir.

Carmen Guaita

viernes, 28 de abril de 2017

POR UN PROFESORADO CUALIFICADO Y BIEN REMUNERADO

"LOS PROFESORES AFECTAN A LA ETERNIDAD. NADIE PUEDE DECIR DÓNDE SE TERMINA SU INFLUENCIA." 

HENRY BROOKS ADAMS


La última de las metas que jalonan el Objetivos de Desarrollo Sostenible sobre educación, tiene que ver con el que quizá sea el elemento más importante para posibilitar una educación verdaderamente de calidad: el profesorado. Vivimos un momento en el que la docencia no es una profesión que se valore suficientemente, a pesar de que sobre los profesores y profesoras recaen la formación y  el futuro de nuestros hijos e hijas, de las próximas generaciones. Podría decirse, sin riesgo de resultar dramatista, que del profesorado depende el futuro del mundo.
Sin embargo, los docentes no pueden llevar a cabo su trabajo adecuadamente en clases abarrotadas, algo que sigue siendo muy común en numerosos países en desarrollo. Por ejemplo, en las escuelas de educación primaria de Uganda hay, de media, 57 alumnos por profesor, frente al ratio medio de 17 alumnos en los países de renta alta. Estas desigualdades se agravan en las zonas rurales más remotas de los países en desarrollo, donde las condiciones de los centros y una remuneración insuficiente no suponen un incentivo para los ya escasos docentes contratados en estos países.
La cualificación del profesorado supone también un problema en muchos países. Si bien la media mundial revela que el 93% de los profesores de primaria tienen las cualificaciones mínimas requeridas, este porcentaje se reduce a un 47% en países como Palestina. Los países donantes son conscientes de la importancia crucial de la formación del profesorado, y como prueba de ello han triplicado su inversión en este ámbito en la última década, destinando la mayor parte de los fondos a los países menos desarrollados. No obstante, si queremos que los niños, niñas y jóvenes de todo el mundo tengan una educación de calidad, tal y como plantea el ODS4, es necesario que esta tendencia se mantenga.
Las condiciones laborales del profesorado son otro aspecto que debe tenerse en cuenta para garantizar el cumplimiento de esta meta. No podemos olvidar que los docentes no sólo transmiten conocimientos, sino que en sus manos está educar y formar a los adultos del mañana, en definitiva a las sociedades del futuro. Por eso, la docencia debería ser una de las carreras y profesiones más valoradas socialmente, y los profesores y profesoras deben disfrutar de condiciones de empleo dignas. Sin embargo, esto no es así en muchos países. Por ejemplo, si bien la mayoría de los docentes son trabajadores públicos con contratos estables, los contratos temporales son cada vez más habituales. En lo referente a la remuneración, y aunque existen amplias disparidades entre los países, en muchos casos los salarios suponen un obstáculo para contar con profesores adecuadamente cualificados, especialmente en las zonas rurales de los países en desarrollo. Por ejemplo, un estudio realizado en trece países latinoamericanos reveló que los profesores de preescolar y primaria ganan el 76% del sueldo de otros técnicos y profesionales, un porcentaje que aumenta hasta el 88% en el caso de los profesores de secundaria. En cualquier caso, cifras insuficientes para reflejar el valor de una profesión que constituye uno de los principales pilares del futuro de cualquier sociedad.
Estos son algunos de los aspectos que los Estados se han comprometido a abordar durante los próximos quince años para garantizar que “se aumenta sustancialmente la oferta de maestros calificados, entre otras cosas mediante la cooperación internacional para la formación de docentes en los países en desarrollo, especialmente los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo”. Debemos exigir a nuestros Gobiernos que hagan lo necesario para cumplir con este compromiso, pero también comprometernos, cada uno de nosotros, a valorar y defender el trabajo del profesorado todos los días.
entreculturas.org

martes, 4 de abril de 2017

Convocada la cuarta edición del Concurso Infantil Iberoamericano de Relato Breve “Otro Mundo es Posible”

Como viene siendo habitual por estas fechas, se convoca una nueva edición, la cuarta, del concurso infantil de relatos, abierto a todos los colegios de los distintos países de nuestra comunidad iberoamericana.




BASES DEL CONCURSO

El IV Concurso Infantil Iberoamericano de Relato Breve, Otro Mundo es Posible tiene como lema “No a la violencia contra el más débil” y está dirigido a colegios de toda Iberoamérica, para los alumnos y alumnas de edades comprendidas entre los 10 y los 15 años, en categoría única para todos ellos y tres temáticas.

Se convocan tres premios de las siguientes temáticas:
No a la Violencia y acoso escolar
No a la Violencia de género contra las mujeres
No a la Violencia contra los animales

El relato breve  será  a elegir entre las tres temáticas señaladas, deberá ser original e inédito y deberá ser presentado de forma individual por alumnos de los Centros Escolares participantes, de acuerdo con las siguientes bases:

1,- La participación será necesariamente a través de los colegios, tanto públicos como privados y sólo se podrá concursar en una de las temáticas convocadas.
2,- El relato no deberá exceder de 300 palabras y contendrá un rechazo implícito o explícito a la violencia.
3,- El plazo de inscripción de colegios abarca desde el día 17 de Abril  hasta el 12 de Mayo de 2017, ambos inclusive, y la inscripción se realiza mediante correo de confirmación a: concurso@ong-otromundoesposible.org
4,- El plazo de recepción de los textos se fija entre el 15 y el 19 de Mayo de 2017, debiendo ser enviados a la dirección de correo de la Ong Otromundoesposible: concurso@ong-otromundoesposible.org, en formato Word, Fuente Arial 12, o similar. Junto con el relato, se deberán incluir los datos completos del autor (nombre, apellidos, edad y curso), así como el nombre del colegio o centro escolar.
5,- Los centros escolares participantes en el Concurso, serán los encargados de enviar los relatos escritos por sus alumnos.
6,- El jurado se compondrá de cinco miembros y estará presidido por D. Federico Mayor Zaragoza, Presidente de la Fundación Cultura de Paz.
7,-  Los colegios de los alumnos que resulten ganadores, deberán enviar la fotografía de los ganadores, así como en su momento las correspondientes a la entrega de los premios.

En total se entregarán tres premios, correspondientes a cada una de las tres temáticas.
El premio consistirá en Trofeo, Diploma y publicación de los relatos en la web Iberoamericana otromundoesposible.net, para los ganadores, y Diploma y material didáctico para el centro escolar. 


Se publicarán los resultados del concurso con la correspondiente promoción para los Colegios/ Centros ó Institutos premiados, así como la publicación en nuestro blog escolar de todos los relatos ganadores. http://otromundoesposiblecolegios.blogspot.com.es/  

miércoles, 22 de marzo de 2017

La Belleza

CLASE DE VALORES EN UN COLEGIO PÚBLICO DE BARRIO EN MADRID. ALUMNOS DE 5º Y 6º DE PRIMARIA, PREADOLESCENTES. TEMA DE LA JORNADA: EL VALOR DE LA BELLEZA.

La maestra comienza preguntando si alguien puede definir la belleza, y advierte a los chiquillos sobre la dificultad de la respuesta. Entre unos y otros, lanzan la primera bomba de sabiduría: “La belleza es algo mucho más profundo de lo que perciben los sentidos. Es aquello junto a lo que te sientes cómodo y tranquilo.” La maestra, casi sin resuello, propone algunas cuestiones mientras proyecta imágenes en la pizarra digital. “¿Es bella la pirámide de Keops?”- pregunta. Y Nico, un rubiales de ojos muy vivos responde inmediatamente: -“No, porque costó la vida de muchas personas.”. Lisett, desde la otra esquina de la clase, responde con su acento cálido: “Pero no perdieron la vida por nada, dejaron un gran legado. Sí que es bella.”
“Y Mona Lisa, ¿es bella?”- continúa la maestra. Verónica, que tiene la carita de un ángel, responde: “Para mí, sí lo es. A lo mejor no es tan perfecta como una modelo pero a su lado yo me sentiría cómoda.” “¿Por qué?”- pregunta Johansel, desafiante. Y Verónica, responde como un rayo: “Porque es amable. ¿No ves cómo le sonríe al pintor?”
“¿Y el David de Miguel Ángel?” “Es bello aunque está enfadado y con la honda en la mano da un poco de miedo”. “¿Y el Moisés?” “Este es mejor. Parece vivo.” “¿Son bellas las Meninas?”- prosigue la maestra. Y David, tan reflexivo siempre, opina sin dudarlo que algunas sí y otras no. Y que, en paradoja, la más guapa, que es la Infanta, parece soberbia y altanera, y por tanto no es bella. El grupo entero está de acuerdo así que, al final, la Menina más bella resulta ser la Maribárbola. Cuando la pantalla proyecta a Dora Maar pintada por Picasso en modo cubista, se organiza casi un tumulto. Entre unos y otros llegan a la conclusión de que es bella, con sus dos narices y sus seis ojos, porque es única.
La clase va terminando y hay que buscar conclusiones. Deciden apuntar como resumen esta frase: “La belleza no tiene que ver con lo que te gusta; es algo que te detiene, sobrepasa tus sentidos y alcanza tu corazón.” “¿Un ejemplo de belleza?”- pregunta la maestra. Naiara, que es muy sabia, responde: “Charlie Chaplin.” Y entonces, una tímida Sofía, que ha permanecido toda la sesión en silencio, levanta la mano y afirma serenamente: “La belleza es la verdad.”
La maestra siente una profunda emoción ante la belleza de ese pequeño grupo humano, pero quiere dar todavía un paso más. Les hace notar que han percibido con la vista todas las obras de arte cuya belleza han juzgado y les reta a demostrar qué harían para explicar la belleza a un invidente. Y entonces Miguel, con su metro setenta y dos de muchacho bueno, levanta el brazo casi hasta el techo de la clase y responde muy seguro: “Le acariciaría despacito con los pétalos de una rosa.”

Carmen Guaita

martes, 24 de enero de 2017

EL “DIAGNOSTICISMO”


EN 1930, JOSÉ ORTEGA Y GASSET DESCRIBIÓ EN SU LIBRO “LA REBELIÓN DE LAS MASAS” LOS PERFILES NEGATIVOS DE SUS CONTEMPORÁNEOS. ES FACILÍSIMO IDENTIFICAR CON ESTAS PALABRAS A LOS JÓVENES DE HOY.

Calificaba Ortega y Gasset a sus contemporáneos como vaciados de su propia historia, sin entrañas de pasado ni intimidad, dispuestos a fingir cualquier cosa, incapaces de entender que hubiera misiones particulares y vocaciones, abandonados a la impresión de que la vida es fácil, y por tanto convencidos de que son dominadores y triunfantes, acostumbrados al exceso en lo material, sin autocrítica ni escucha, que ni ponían en tela de juicio sus opiniones ni contaban con los demás.
Es facilísimo identificar con estas palabras a los jóvenes de hoy. El filósofo enmarcaba esta descripción en la desesperanza de los años treinta del siglo XX. La de nuestros chicos y chicas se enmarca en el sistema económico y social que nos gobierna, tal vez sucesor natural de aquel triste periodo de la historia.
Sin embargo, con ser todo esto cierto, caemos con frecuencia en algo que podríamos denominar “diagnosticismo”: una descripción pesimista de los problemas que no aporta soluciones. Me asombra hasta que punto se ha extendido esta práctica entre los expertos, incluso entre quienes hablan de educación, cuya herramienta básica debería ser la esperanza. Si en todos los seres humanos late un alma profunda, ¿cómo podemos llamar generación perdida a un grupo de personas que apenas ha empezado a vivir? ¿Con qué derecho? Al fin y al cabo, los adolescentes reflejan la actitud general de la sociedad y sus modelos éticos son los que les presentamos.
Debemos abandonar el “diagnosticismo”,  que no describe la verdad, ni siquiera una parte considerable de ella, porque termina siendo una fuente de desesperanza. Así que empecemos por la humildad de reconocer que el hombre no es la medida de todas las cosas sino la medida de lo humano. Somos seres abiertos a nuevas posibilidades de crecimiento, por eso los docentes, además de enseñar álgebra o robótica, personificamos.
Sabemos que nuestra presencia está dejando una profunda huella vital en los alumnos y no desaprovechamos la ocasión de ahondarla, transmitiendo de palabra y de obra el verdadero modo de empleo de la vida: los valores. Están ahí siempre: seguimos necesitando la comunicación, la amistad; seguimos siendo solidarios, seguimos doliéndonos con las injusticias y riendo como válvula de escape, seguimos amando y sufriendo. Los niños y jóvenes entienden qué es un sistema de valores, no hay más que hablar en clase sobre ellos.
Abandonar el “diagnosticismo” requiere, sobre todo, oxidar la nostalgia. Los “diagnosticistas”, cuando hablan de recuperar valores, se refieren a un tiempo perfecto en el cual estuvieron vigentes, y que nunca ha existido en realidad. No hay tiempos mejores a los que regresar, lo que hay es una búsqueda, un progreso ético de la humanidad que debe avanzar y no retroceder. Este es el mejor momento de la historia porque es el nuestro. Y el mundo de hoy, es mejor que el de hace quinientos años. A pesar de todo. Sin duda.
Nuestros alumnos han visto aumentar extraordinariamente sus posibilidades y tienen reconocidos sus derechos. Son iguales ante la ley y cuentan con las cuotas de libertad más amplias que nadie haya tenido. Además, no han perdido la profundidad de su esencia. Necesitan, de la manera más profundamente humana, mirar lo que acontece, pensar lo que acontece, preguntarse por ello. He escuchado decir a una gran especialista que la adolescencia es el territorio de la irreflexión. Seguramente, es una afirmación desmemoriada: no hay etapa en que uno reflexione más y se haga más preguntas. Los niños y jóvenes intuyen que el vértigo de la actualidad no es la plenitud y que necesitan una dimensión interior. Por eso el centro educativo debe ser un lugar donde cargar las pilas, y los profesores, una dinamo.
La tarea docente se efectúa, de principio a fin, en el sistema de valores. Nos obliga a los profesores a realizar un viaje hacia el interior que tiene un componente muy grande de decisión personal, de templanza, de consciencia, de espíritu. Si saboreamos estas palabras nos daremos cuenta de que estamos hablando de la dimensión esencial del hombre.
Abajo el “diagnosticismo” sin respuestas. Ahora las cosas son así, pero ahora es cuando nos toca actuar. Necesitamos las virtudes clásicas, que son los verdaderos avances de la humanidad: justicia, prudencia, sabiduría profunda, conocimiento de nuestros límites, templanza en los juicios, pasión por la verdad, atención a los demás, autocontrol, reconocimiento de que somos una hermandad que solo puede progresar si se ayuda mutuamente.
La partida está en nuestras manos.

Carmen Guaita